Cúspides

 

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Podemos navegar indefinidamente por las redes que nosotros mismos hemos creado.

Podemos hacer de la realidad un playground sin igual. Podemos unir corazones en una sola cantata. Podriamos ser más, mucho, mucho más. Podríamos ser los agentes de esa inteligencia cósmica que busca experimentarse a sí misma. Podríamos experimentarnos con ternura y ya sin tanta brutalidad. Podríamos estar predispuestos para recepcionar la belleza. Menos palabras y más caminatas por el monte.

Hay un aspecto fundamental de la energía que aún no hemos dominado. Hay un fuego que aún no hemos robado. Esa llave que debiera abrirnos las puertas del Edén del que antaño nos expulsaron se encuentra escondida. La alquimia interior debiera terminar de moldearla. Trabajar nuestros órganos hasta hacerlos piedras filosofales. No dejar de cincelar lo que sea que debamos cincelar. Corretear por el laberinto con la mano pegada a la derecha, eventualmente encontramos la salida. Pero hagas lo que hagas, continúa, el fin del ciclo está cerca. De la caída, un rebote, del rebote, un ascenso, y por el ascenso un gran abrazo a la cúspide.

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Disipando Fantasmas

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He comenzado a mirar dentro de mi mismo con lucidez. He comenzado a mirar al mundo más allá de la metafísica. He hallado la pulsión de los titanes esperando salir en la mirada de cada peatón que veo caminando por la vereda. Llegué a la conclusión que ni las patrias ni los Santos Oficios son capaces de curarme de las migrañas matutinas, y que tirar al tacho esas grandes abstracciones por las cuales se muere y mata tiene el mismo efecto que una aspirina.

Vi con sorpresa que jamás seremos criaturas angelicales, que los mártires lo son en virtud de su delirio, que los patriotas son tribus salvajes maquilladas por el peso de la historia y los monumentos, que el estado no será jamás un benefactor y que los grandes pedagogos son muchas veces actores frustrados. Comienzo a darme cuenta que cada uno de nosotros es un yonqui existencial. Realizamos actividades por el estímulo que nos evocan, nuestras parejas ideales dejan de serlo en el momento en que dejan de proveernos ese chute dopamínico especial. De nuestras amistades no esperamos tanto, por eso suelen durar más. Tanto nuestra pareja ideal como nuestros mejores amigos terminan siendo, a la larga, sencillamente unos excelentes dealers cuya mercancía no es otra cosa que su sola presencia.

La diferencia entre estos vinculos filiales y la metafísica barata ofrecida por los grupos de poder para succionarnos hasta la última gota de sangre (y hasta el último centavo) es que estos primeros, con todas sus falencias, son palpables. Me importan más estos vínculos íntimos que la salud del Papa o del Primer Ministro de Canadá. Me importa más mi colección de cómics que la bandera nacional. Me importa más un paseo por el malecón y el goce de la perfecta sensualidad del instante que una misa. Me importan más los lonches familiares que los ritos sectáreos. Me importa más el contenido de mi billetera que las promesas de una eventual redistribución de recursos.  Desconfío de esas figuras políticas paternalistas en las pancartas que prometen mi bienestar y que creen saber lo que es mejor para mí en mayor medida que yo mismo.

Mi filosofía política se ha visto reducida a la frase “largo de mi propiedad o disparo”. No creo que la TV diga la verdad. A las cabezas flotantes en los noticieros se les ve cada vez más demacradas, creo que deberían salir de ese rollo un rato y ponerse a leer un buen libro. El punto es que no pueden, alguien les vendió una narrativa, alguien les vendió metafísica barata de naturaleza menos pomposa que a los kamikazes en la Segunda Guerra Mundial. Rezaría por el bienestar de esas cabezas flotantes, pero a estas alturas no creo que rezar sirva de nada.

Un paseo en el malecón, una buena compañia, un proyecto arístico que llene la golosidad de los sentidos y del alma hambrienta de belleza…ufff, eso sí que sirve.

¿Designios de la Vida?

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Con respecto al brutal asesinato de Eyvi Ágreda, al presidente Martín Vizcarra no se le ocurrió mejor idea que denominarlo como “designios de la vida”.

No huevón, no son “designios de la vida” a menos que vivas en un episodio de La Rosa de Guadalupe. Puede parecer una idiotez, pero esa frase, pronunciada con toda la debilidad moral del mundo, resume lo que ha sido nuestro país. No son “designios de la vida”. Son sicarios liberados y vivos, son violadores liberados y vivos, son terroristas liberados y vivos, son corruptos traidores a la patria que merecen ser fusilados en su mayoría libres o en su defecto pagando “condena” en “cárceles” doradas. Es la pusilanimidad moral, es la CIDH legislando sobre cómo es que debemos lidiar con nuestras lacras, es el 40% de la población que sigue votando por un narco-partido chicha, es la mediocridad, son los opinólogos progres haciendo propuestas y “soluciones” que asumiesen que vivimos en Dinamarca, es el profesor al que lo expulsaron por corregir errores en textos escolares, es el partisanismo político y es, por último pero no menos importante, la falta de huevos.

En fin, son muchas cosas, males endógenos que venimos arrastrando en casi 200 años de República, falta de carácter para defender a la ciudadania, burocracia entorpecedora e inútil enquistada en el corazón de nuestro país, parasitando hasta su última gota de sangre. Son todas esas cosas, que van más allá de una opinión política, de derechas o izquierdas, o de religión y ateismo las que llevaron a que se lleven a cabo crímenes tan psicopáticos como este.

Q.E.P.D Eyvi, y que toda esta indignación lleve por primera vez a un cambio realmente profundo y radical en nuestra idiocincracia.

Del Fujimorismo, Lo Lumpen y Lo Chicha

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La otra vez le lancé sus respectivas a la caviarada, pero para que no digan que soy parcial, ahora le toca al otro gran mal que ha asolado  al Perú: el fujimorismo.

Cuando alguien me dice “soy fujimorista” lo primero que se me viene a la mente es que no terminó la secundaria o que por lo menos lo botaron de la universidad. Y no digo que necesariamente tenga que ser verdad siempre, estoy seguro que hay más de un fujimorista con doctorado y ciertos conocimientos respetables. Pero no me van a decir que al pensar en fujimorismo lo primero que se les viene a la mente es precisamente la élite intelectual. Al igual que cuando ven un cartel chicha lo último que piensan es en el palacio de Versalles. Y es que soy de la idea que la politica, más que retórica o debate, muy en el fondo se trata de una cuestión estética, de estilo.

Suena quemado, pero piénsenlo bien: ¿Kim Jong Un tendría el poder que tiene sin sus desfiles majestuosos y sus coreografías a lo Darth Vader? ¿Hitler hubiese adquirido todo ese poder sin contratar a los arquitectos y diseñadores que contrató? ¿Sin el trabajo audiovisual de Leni Riefenstahl? ¿El Islam se hubiese extendido politicamente como lo hizo si no fuese por la extrema belleza poética y persuasiva del Corán? El poder político en el fondo es poder estético, y la forma en que se administra la estética para llegar al pueblo.

Y si en el Kremlin se utilizan coreografías majestuosas (claras herederas del pasado zarista) y en Cuba prima más lo rústico-colonial (cuyo valor en teoría es la rebelión contra la dominación neolibearl homogeneizante), el caballito de batalla estético por excelencia del fujimorismo ha sido y será siempre lo chicha. No voy a hablar sobre los horrores, los anillos de corrupción, las violaciones a derechos humanos, las cochinadas politicas y todos los trapos sucios que tiene el fujimorismo. Eso ya es harto sabido, de eso ya se ha escrito hasta el hartazgo. Que se trata de una mafia criminal capaz de llevar al pais a ser un narco-estado está más que claro.
No, de lo que quiero hablar realmente es de su aspecto y repercusión estética y cultural. Y en ese sentido separar al fujimorismo de lo chicha es como intentar separar la sal del océano.

Desde sus inicios el fujimorismo jamás tuvo como intención elevar el nivel cultural del pueblo. Su mecánica fue siempre, desde el inicio, poner el dedo en la llaga de uno de los mayores males que nos aquejan: la ignorancia. Tengo suerte de venir de una familia de maestras. La otra vez me puse a revisar los textos escolares antiguos, les hablo más o menos de los años 40 o 50 si no me equivoco. No les miento: un texto de secundaria de esa época era de un nivel superior al de un texto universitario hoy. Para ese entonces un chibolo salia del cole habiéndose leido todos los clásicos habidos y por haber. Me quedé alucinado. Incluso si nos remontamos a esa época y vemos el tipo de debates que habían en el congreso, se podía estar o no de acuerdo, los congresistas podían ser más o menos honestos, pero acá no se habla de la aptitud ética, sino del nivel.

Lo que queda claro al revisar la historia es que el Perú ha atravesado por un proceso de imbecibilización y demoralización cultural graduales. Eso ya lo ha argumentado Denegri hasta el cansancio. No digo que haya sido algo de 5 o 10 años (tampoco soy especialista en el tema, admito), pero creo que a nadie le sorprendería que esa idiotización llegó a su éxtasis con la glorificación de la combi, de la informalidad, de los cómicos ambulantes, de la suciedad, de lo bulgar, en fin, de lo chicha. Y a nadie debiera sorpenderle cuando digo que toda esa manifestación fue en todo momento el sello personal y herramienta politica del fujimorismo. Muchos lo ven como un aspecto secundario, pero para mi es lo principal. En el Perú hemos tenido todo tipo de lacras, pero ahora hablamos de una lacra cuya principal herramienta de acción no solo es el robo y las intrigas a lo Game of Thrones, sino el uso del monopolio de la fuerza económica para hacer del poblador promedio cada vez más idiota y por ende más dominable. Esa es la única manera en que me explico cómo es que la mayor parte de la base de votantes del fujimorismo son comprados con un taper. Solo así me explico cómo “El baile del chino” (una patada cósmica al buen gusto) pudo haber sido el himno de uno de los movimientos políticos más relevantes de nuestro pais.

Y aquí surge una paradoja de lo más curiosa, un punto de encuentro en que el caviar y el fujimorista se dan la mano: la exaltación de la cultura chicha. El primero la entiende como una herramienta de “reivindicación social”, el segundo también, pero a su vez ve a la reivindicación social como una forma de adquirir poder politico. Ah no, esperen, me equivoco, el primero también. En ese aspecto sí son prácticamente lo mismo. En estos momentos, mientras escribo este artículo, estamos siendo víctimas del congreso más lumpen que hemos tenido en nuestra historia. Y a nadie sorprende que lo más lumpen de ese lumpen se encuentre en la bancada de Fuerza Popular.

Apostaría lo que sea a que más de la mitad de los miembros de esa bancada saldrían jalados en comprensión lectora. A nadie tampoco debiera sorprenderles que la mayoría de votantes de esa bancada son justamente la gente que más sufrió las consecuencias de esa idiotización masiva del Perú, aquellos a los que se les debió elevar por encima de sus condiciones a luz de la razón y el progreso, en vez de volverles complacientes y hundirles morbosamente en su ignorancia como una forma de ganar control politico.

Desprecio el fujimorismo porque desprecio lo chicha, y desprecio lo chicha porque desprecio el fujimorismo. En mi imaginario, y siendo de la generación que creció en los 90s, en una era de un Perú golpeadísimo y con la moral por los suelos, haber sido empapado y, peor aún, haber visto a mi generación empapada por la inmundicie de esa cloaca llamada fujimorismo, en mi imaginario ambas cosas van enteramente de la mano. Como una confesión personal, creo que en gran parte fue esa degradación cultural (que hasta ahora provoca que seamos últimos en educación) lo que hacía que me de verguenza ser peruano.

Y por último, es parte de mi esperanza, no sé si como “eurocéntrico-aristócrata-inserta algún término progre” y no sé qué otro calificativo progre alguien me pueda colocar, es parte de mi esperanza que ni lo chicha, ni lo combi, ni el número trece en el poto de Suzy Diaz vuelvan a quitarle la dignidad a mi pais nunca más.

Contra La Segunda Venida De La Bestia

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Leo con bastante preocupación a más de uno describiendo la era del terrorismo senderista en el Perú como “conflicto interno” e incluso quienes llegan incluso a llamarle “conflicto político”. Según esta idea, la causa de que miles de pobladores inocentes hayan sido masacrados no fue un ideólogo maoista con tendencias sociopáticas que le lavó el cerebro a sus alumnos. Algo que ya se venía preparando hace rato, y que repetidas cartas por parte de maestros fueron enviadas al gobierno, advirtiendo de lo que se venía. Pero no, eso era pura “conspiranoia”. Tampoco, según ellos, la causa fue la extensión de una ideología que hace hincapié en la lucha de clases. A algunos todavía les cuesta creer cómo es que si basas toda una retórica en la lucha de clases, osea el odio y la separación, puedes alentar que alguien ponga una bomba.

No, la causa fue simplemente “injusticia social”. En otras palabras, según la lógica caviar, toda persona humilde es un terruco en potencia. Me llama la atención esa manera de pensar. ¿A partir de cuántos soles diarios tienes derecho a poner bombas? La definición es algo vaga, y de hecho, extremadamente clasista (valga la redundancia, si hablamos de intelectuales que ven todo en términos de clases sociales y no de individuos). De hecho, según un estudio que revisé hace tiempo, la mayoría de terroristas a nivel mundial no son de las clases más bajas, sino son de clase media (buen ejemplo es Abimael, intelectual clasemedieron que odiaba a la sociedad). Les sorprendería saber que el líder de ISIS tiene un doctorado. Si la “pobreza e injusticia social” fuesen las únicas explicaciones para el terrorismo, entonces nadie se explica el surgimiento de la ETA en Euskadi, una de las zonas más prósperas de España.

Como apreciación personal, me da la impresión de que los que joden no son los ricos ni los pobres, sino los clasemedieros que quieren llegar al tope de la pirámide pero sienten que no se les reconoce lo suficiente, entonces utilizan como peones de batalla a los que ellos consideran menos privilegiados y les mandan a morir. Porque siguiendo esta mentalidad, no existen Pedro, Luis o Maria. Según esta lógica lo que existen son “sectores A,B,C..” y sigamos hasta el fin del alfabeto. Según esta mentalidad, el individuo no es nada más allá de su categoría social, del barrio en el que vive. Pueden creer que lo hacen con la intención de allanar las diferencias, pero el acto concreto sigue siendo el mismo. Ponerle una bomba al que se considera privilegiado o expropiarle (eufemismo para robarle y enjaularle si se resiste): al lenguaje se le pueden poner muchas flores, pero el significado subyacente sigue siendo el mismo.

Luego está esta otra idea perniciosa bajo la cual la era del terrorismo fue simplemente conflicto entre dos bandos y al final lo que hubo fueron muchos daños colaterales. Ajá, osea, no se adoctrinó a niños desde pequeños, no hubo ningún componente ideológico, Abimael Guzmán no fue un líder de culto carismático y sin escrúpulos al estilo de Jim Jones al cual nadie le prestó atención al inicio. En otras palabras, las ideas, la filosofía, no tuvo ningún valor, porque según esta gente el ser humano no es un ser ideas, simplemente es un engranaje en una pirámide social que masacra a otros cuando la pirámide no está a su favor. No, todo fue un tiroteo entre borrachos en un bar, mira tú.

No se puede, pues, poner en el mismo nivel (me refiero obviamente a priori) a un terrorista y a un soldado. Ambos, por supuesto, son capaces de bestialidades. Y ambos, de hecho, las cometieron, solo un ultrafujimorista negaría tal cosa. Pero cualitativamente, y dejando de lado casos particulares, son diferentes. La diferencia es que las víctimas del ejército no fueron producto de una ideología, nadie dijo “ok vamos a masacrar a todo un pueblo porque no piensan como nosotros”. Fue producto de una ineptitud que colinda con lo psicopático por parte del gobierno fujimorista, un estilo de operación más próximo al de agencias como la CIA de la vieja escuela que primero entran a masacrar y luego preguntan si hay algún terruco.

Y es que desde el inicio la cosa estaba mal planteada. Para derrotar a un grupo terrorista en tu pais no necesitas tanto tanques, helicópteros y bombas. Lo que se necesita es un servicio de inteligencia sofisticado, bien preparado, con detectives y espías de primera. Si nada más con un improvisado (no por eso menos heorico) GEIN fue suficiente para capturar a Abimael, imagínense lo rápido que se hubiese resuelto todo con un servicio bien preparado.

El problema con banalizar estos acontecimientos a nivel de “conflicto politico” es que se legitima aquello que no debería ser legitimizable. Si le damos esa legitimidad, entonces los que están ahora presos son “presos políticos”. Ahi tienen toda la base ideológica del actual MOVADEF, ahi tienen parte de la base sobre la cual se liberan a criminales como Osmán Morote. Ahi sí, la intelectualidad peruana enquistada en facultades de letras no sale a protestar o a decir nada. No, más bien salen a hacer documentales tratando de “humanizar” a terroristas. Que si la Garrido Lecca bailaba muy bonito, que si el otro escribía lindos poemas, que miren qué bonito pintaba ese otro.

Lamentablemente uno de nuestros lastres, no solo como peruanos sino que diría como latinos, es esa ambiguedad moral, ese pasar por agua tibia, esa manera pusilánime y relativista de asumir los valores que al final provoca las mayores injusticias de todas. Yo digo, sin pelos en la lengua, que el único terrorista bueno es el terrorista muerto. Y que mientras se siga tratando de ablandar nuestra visión de quienes tanto daño le han hecho al pais (y ni siquiera tanto a nosotros los limeños, sino principalmente a la gente humilde de provincias a los que su ideología pretendía defender), no vamos a salir adelante. Si ese nivel de empatía tenemos con terrucos, no me extraña el guante de seda que se tiene con corruptos, con violadores, con sicarios. No son cosas desligadas en caso alguien me acuse de estar yéndome por las ramas. Todo parte de una misma cosmovisión, de una forma de entender la vida.

Yo soy el primero en acusar la titánica ineptitud de los gobiernos anteriores para lidiar con el terrorismo, y los militares que hayan cometido crímenes contra la humanidad deben recibir el mismo castigo, pero no pretendan con eso tratar de “suavizar” el papel de su famosa “lucha de clases” que tantos millones de muertes ha generado a lo largo de la historia y en todos los continentes. No pretendan con eso hacerme creer que una pera es lo mismo que una manzana. No pretendan hacerme creer con eso que el resentimiento social, una vez alimentado bajo retóricas seudo-intelectuales, no es capaz de provocar las más terribles masacres. A estudiar historia se ha dicho.

Estrellas

Estamos por ser estrellas. La galaxia ha de acogernos. La elevación ha de excitarnos. Más allá del lugar común a todos, está el lugar común al ser singular. Hagamos lo que podamos por ser felices. Viajemos sin dirección pero con sonrisa. Miremos al horizonte y seamos sus vástagos. Hemos de nutrirnos de la misma sinceridad que hizo estallar al big bang. Ladramos al firmamento y sabemos que un oido indómito nos escucha. Tomarnos de las manos es formar alianzas desafiantes del tiempo. Remojar en las profundidades nuestros cuerpos es disipar el espacio. La belleza será nuestra revancha contra el vacío. Mira, mira, síentelo ya, somos ahora estrellas.27332692_2030459870556540_3058442326148920214_n

Éxodo venezolano y lastres populistas en el Perú

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A ver, sobre tanta xenofobia anti-venezolana injustificada aqui en Perú.

“Que nos están robando los trabajos”

Muchos de ellos vienen a hacer negocio propio e independiente, si en algunos casos ganan bien es por algo llamado “buen trato al cliente” y “espíritu emprendedor”, algo que no enseñan en los colegios. Además, según estadísticas más de la mitad son profesionales, muchos de ellos médicos e ingenieros. No sabía que teníamos un superavit de profesionales tan alto y con un nivel de desarrollo que ya no da para más gente calificada. Vaya, habíamos estado viviendo en el primer mundo todo este tiempo y ni enterado.

“Que nos dejan sin territorio”

Tendría sentido si viviésemos en Tokio, no en una región conformada en su mayor parte por tierra baldia y hambrienta por proyectos de construcción y desarrollo.

“Utilizan los servicios públicos”

¿Qué servicios públicos? ¿Los hospitales nacionales donde te inyectan agua en vez de suero o los colegios que se caen a pedazos? El problema ahi radica o bien en la cantidad de plata que se roban las autoridades y su mala distribución (si sigues una lógica de izquierda) o bien en la ineptitud e ineficacia del sector público en sí mismo y la necesidad de una hiper liberalización (si eres de derecha, como yo), aunque ese ya es otro tema. El punto es que, por donde lo mires, y dadas las condiciones, el problema no es la inmigración en sí misma.

“Los tratan mejor que a los mismos limeños”

El limeño promedio es el ser más mezquino, desagradable, envidioso, malcriado y poco servicial del mundo. Lima es de las pocas ciudades donde entras a una tienda, pides un producto y un poco más y te escupen. Obviamente que si tratas al otro con una sonrisa y una actitud servicial en vez de una cara de palo te van a tratar mucho mejor.

“Pero…pero…la industria nacional…”

Venezuela es un pais que se fue al diablo justamente por adoptar un nacionalismo populista, bananero, proteccionista y espantoso para la inversión externa. ¿En serio quieres seguir el mismo modelo?

“Pero traen delincuentes”

No en una proporción lo suficientemente escandalosa como para ser un tema de alarma nacional. De todos modos, aqui el problema radica en la ineptitud burocrática y la caviarada amante de los derechos delincuenciales.

El único punto válido dentro de toda la retórica bananera que he escuchado con respecto a la inmigración venezolana es que en algunos casos las autoridades les dan más facilidades de apertura de negocio a ellos que a los nacionales, lo cual obviamente es una aberración pero, nuevamente, la responsabilidad recae sobre nuestro sistema clientelista, hiper-burocratizado, proteccionista y abusivo.

Fuera de eso, todo este tema ya me tiene harto pues revela ignorancia y populismo barato. Además, de hacernos quedar como un pais cerrado al exterior e incapaz de generar puentes. Entendería perfectamente la preocupación si se tratase de un pais con una cultura radicalmente diferente e incompatible con la peruana, donde se negasen a aprender nuestro idioma y hubiesen problemas de asimilación graves (digo GRAVES, no que una veneca no te acepte para salir) o donde se tuviese un poder adquisitivo basado en mega corporaciones transnacionales que se llevasen a nuestros pequeños negocios cargados en bolsa. Pero ninguno de esos casos se da realmente. De hecho, el corporativismo corrupto y las transnacionales jodiendo a los negocios locales protegidas por leyes lobbistas y corruptas es algo que ya se da, y se dará al margen de si hay inmigración o no.

Si vas a salir a protestar, protesta porque la SUNAT se queda con casi la mitad de tu dinero y que viven asfixiando a micro-empresarios cada minuto que pasa del dia. Quéjate porque el 4% del PBI nacional se va en corrupción. Protesta por las horrendas condiciones de emprendimiento que existen y porque no somos, como mucho mamerto adoctrinado en alguna facultad de humanidades puede creer, “una economía de libre mercado”. Si tienes que soltarle miles de dólares a tu municipalidad para que te de permiso para hacer una tiendecita de zapatos y luego aún con todo vienen y te la cierrran por cualquier estupidez, no vives en una economía de libre mercado, pues. Menos aún si Telefónica llega, saquea con todo y no paga nada (osea, ni siquiera hay igualdad de competencia, derechos y condiciones). Los emprendedores peruanos sabrán perfectamente de lo que estoy hablando.

Perú y Venezuela se tratan de dos culturas con más en común que de diferente. Ambas víctimas de la delincuencia, la corrupción, autoridades que merecen ser fusiladas por traición a la patria, populismo bananero y subdesarrollo, pero con ganas de a pesar de todo salir adelante y vivir lo mejor que se pueda a pesar de la mala racha. Acá no hay diferencias culturales o religiosas significativas, no hay motivos légitimos para aludir a un “choque irreconciliable de culturas”. No sean huachafos carajo ni que viviésemos en Noruega.

En fin, y por último, tampoco seamos conchudos que ahorita mismo casi el 10% de la población peruana radica en el extranjero. Si estás leyendo esto casi seguro que tienes un familiar intentando hacer la América (o, de todo corazón espero que ya la haya hecho) en otras tierras.

El nacionalismo (al igual que cualquier forma de colectivismo, incluida la izquierda) son ideologías para iletrados e ignorantes, que en toda la historia no han hecho sino traer miseria. Es hora de emprender como individuos y abrir lazos bilaterales que nos beneficien a todos. Ya bastante hemos sufrido los latinos en nombre del caudillismo, los cultos a la personalidad y las identidades de cartón. Es hora de mirar al futuro.

Lucidez

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El arrojo a la vida es, ciertamente, confuso. Más confuso aún es la búsqueda de profundidad más allá de lo efímero y sensual del instante. Si el romance es un parche existencial, el sexo masturbación mutua, las amistades pequeños dioses postizos, los enteógenos breves vistazos a la muerte insondeable, los parentescos familiares una arbitrariedad biológica, la razón una ramera capaz de justificar lo que sea y la emotividad un niñato maleducado pidiendo a gritos un pellizco. Si todos los elementos, que hallamos en la totalidad del mundo 3D son efímeras manifestaciones de una creación desde la nada, entonces solo la nada y su infinito vacío son las fuentes únicas de profundidad.

En otras palabras: más allá de la pulsión tanática, de la muerte misma, no existe profundidad de ningún tipo. Lo que recordaremos siempre hasta el último de nuestros días serán esos pequeños encuentros con la anulación  de nuestro ser: la subsunción de nuestra conciencia en una experiencia estética exquisita, la demencialidad dionisiaca de un orgasmo, el éxtasis religioso (ese en el que el sujeto siente que el más allá se lo lleva, benévolamente, antes de tiempo, sin tener que esperar el ansiado juicio final). Incluso el contacto con el otro querido del cual su compañia nos es grata constituye un olvido del yo, un arrojo, una distracción, un mero descanso de lo que constituye la angustia existencial del dia a dia.

La conciencia del arrojo a la vida, del constante entrelazamiento con la muerte y la supremacía del vacío nos ayudan a desalienarnos y huir de las garras de las falsas dicotomías diarias. De los fenómenos que vienen, van, regresan y nos atormentan. Habrán momentos de máximo goce, de máximo olvido de la vida misma, y en esos momentos es que debemos estar agradecidos con la matriz infinita que subyace a todo lo demás, pero que es en sí misma la más brutal materia negra, destructora de todo, creadora de todo, ausente de absolutamente nada.

Dioses de neón y noches de euforia

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Nosotros los nacidos durante los 80s y 90s, según se dice, crecimos bajo una paradigma de estimulación esencialmente visual. La imagen era y lo sigue siendo todo, “el videoclip asesinó a la estrella de radio” reza el pegajoso tema de The Buggles. Naturalmente esto llevó a la alerta de los expertos, quienes bajo una retórica apocalíptica anunciaron la llegada de una mentalidad fragmentaria e incapaz de generar pensamientos profundos ni a largo plazo. La fotografía, el videoclip, el anime y las pelis de Tarantino podrían ser considerados los cuatro jinetes del apocalipsis: aquellos prestos a extirpar al mundo y al entendimiento de toda su substancia, de reducir las conexiones neuronales a su mínima expresión, de volvernos unas criaturas pavlovianas fáciles de condicionar. Sin embargo, en más de un aspecto, dichas profecías bíblicas pareciesen no solo no haberse cumplido, sino desplegarse como exactamente lo opuesto de lo que predicaban en primer lugar. Sí es cierto que en gran medida nos asemejamos a un montón de monitos sobreestimulados, hipersexualizados y con menos capacidad de concentración que un mosquito.

Pero, ¿no podría ser el sobre estímulo simplemente una mayor capacidad energética? ¿La hipersexualización un retorno a la sacralidad dionisiaca? En cuanto a la falta de concentración (y esa oscura estigmatización que resultó ser la bendita epidemia del déficit de atención e hiperactividad), en la mayoría de casos se trata de un “estar en todos lados y en ningún lugar a la vez”, un rollo que tranquilamente puede otorgarnos cierta reminiscencia de los estados alterados de conciencia adquiridos mediante la meditación. La sobre estimulación nos ha terminado de volver inmunes a ella. Todos somos citadinos con cerebros de ardillas en cocaína. Superamos la velocidad de la luz, viajamos por el tiempo, las imágenes pasan a ser substancia (¿por qué esa arbitrariedad bajo la cual sólo en la palabra escrita se encuentra la substancia?). Nuestra substancia, nuestra droga existencial es distinta a la de nuestros padres: ahora es imagen pura. Es más colorida, de una abstracción menos gratuita: generamos dioses de neón casi a diario, tenemos tantos dioses como músicos, publicistas, diseñadores gráficos, cineastas, arquitectos y perdón si olvidé alguna categoría artística contemporánea crucial, vamos que entienden de los que les estoy hablando. Generar dioses es un  acto creativo, que requiere cierto potencial: cualquiera que sea esta capacidad potencial se ha visto exponenciada. Somos una parodia de aquel mundo repleto de crueldad que se dibuja en una mirada a nuestro pasado humano.

Las parodias televisivas, los memes idiotas, el humor ácido y las noches de éxtasis en las discos nos permiten aligerar el peso kármico que hemos heredado. Nos han lanzado un montón de mierda encima, pero la cultura de información masiva e imágenes aceleradas nos han brindado las herramientas  necesarias para drenarla, para cortar con una cadena milenaria que ha sido el yugo del ser humano. Esto ha ocurrido de manera espontánea, podríamos llamarle el curso natural de los acontecimientos. Lo que para generaciones ancianas es vanidad, estupidez, superficialidad, falta de “profundidad metafísica” (después de todas las putas guerras paridas durante el siglo XX por los herederos de la ilustración, habría que analizar si la metafísica de la que se sirvieron no estaba, de raíz, corrupta), para nosotros representa cierta redención. Si el total de la población mundial fumara hierba, bailara y viera South Park durante las noches tanto las guerras, el fanatismo como el consumismo se terminarían y nuestros terribles nudos internos acabarían por hacerse añicos. La desinflación de todo aquello que prometió ser mucho más de lo que realmente es nos traería un nuevo mundo fresco, relajado e inmune a falsos mesías. La espontánea sensibilidad e intuición infantiles se abrirían paso como los nuevos valores (bendita sea la era de Acuario y cualesquiera que hayan sido sus más elevados profetas, me suscribo a los beatniks).

Los infantes tenemos pase VIP  a las puertas del paraíso, pero el paraíso entendido como una separación de nuestro ciclo vital ha sido no menos que una enfermedad. La muerte de nuestras civilizaciones no es ningún misterio: ha surgido por el hecho de separar nuestras vidas de nuestras muertes, o esperar que la muerte como evento lejano nos redima de toda la miasma acumulable. Estamos muriendo, el vacío yace debajo de nos, y eso nos da espacio para seguir generando dioses salvajes y capaces de prometer solo aquello que son en ese preciso instante. El espacio en blanco del lienzo surge como la promesa de una gran obra. La purga de todos los elementos tortuosos que se han venido acumulando es nuestra prioridad, y no por una cuestión de genialidad sino de instinto.

El poderío humano se ha exponenciado a niveles titánicos, una tercera gran guerra terminaría con todos y cada uno de nosotros, o nos dejaría en una edad cavernaria y en un grotesco invierno nuclear. Nuestra entrega a lo aparentemente superfluo e infantil, como ya mencioné, es una desinflación metafísica. Esta desinflación no es casual en lo absoluto: surge del más profundo y visceral instinto de supervivencia. Es un “relax o muere” llevado al extremo, nuestra temprana exposición a imágenes de violencia masiva nos ha llevado a una conciencia superior acerca de todo aquello en lo cual podemos devenir. El romance no ha muerto, pero sí ha entrado en cierto reposo. Este reposo espera terminar una vez que las condiciones para su resurgimiento sean propicias. No asomaremos la cabeza hasta que el último gran tirano haya muerto de vejez, y en que su hijo disfrute la radical simpleza de una tarde comiendo papitas Lays y jugando a la Playstation con sus amigos.

Quizás entonces nuestra cercanía aumente, nuestras ansias de destrucción se vean domesticadas, y quizás en esa paz adquiramos la confianza para, con gran emprendimiento, darle una mayor vida a un politeísmo de neón, a mayores y más complejas noches de euforia, a una poesía más evidente en lo mundano y a unas frías cervezas en un atardecer veraniego.

 

Comienzo, nada, de nuevo comienzo

 

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Arrojados del refugio hacia un clima tan cambiante. Ni un hueso entre nuestros dientes, cuales perros santos y moribundos. Las ansias de vida nos abruman tanto que quedamos paralíticos y fofos, a veces parecemos gatos. Estar en un lugar a la vez, pensar en algo a la vez, ignorancia con respecto a la singularidad: nada se parece al lugar de donde sea que hayamos venido. El paisaje se torna en una espiral hecha de miel y cianuro. Nos queda la esperanza de alguna vez retornar, pero eso es ya imposible. Al parecer nunca lo abandonamos del todo. Nunca abandonamos nada del todo: ni nuestras más lúcidas virtudes, ni nuestros más remotos deseos, ni nuestras ansias de vivir hasta estrellarnos, todo parece acumularse hasta retornar algún día a dicha singularidad ahora replicada en la materia. Vivimos en el cuerpo de una entidad fascinada con replicarse a sí misma, con la bendita obsesión de replicar su gloria. Los dementes y obsesivos somos sus hijos más cercanos. Padre y madre nos dejarán, quizás algún día, sentarnos en su trono. Solo hace falta mirarles directamente y exigírselo.

¿Pero quién mira directamente a la vorágine de carnes, seres y espíritus dando vueltas en los confines del tiempo? Se requiere cierto valor. Las palomas colisionadas contra el vidrio de los aviones son la perfecta metáfora de lo que en algún momento nos convertimos. La colisión  debería provocarnos lujuria, no muerte. ¿De dónde carajo surge la vida entonces si no es de la colisión entre dos órganos? Aquellos con miedo a colisionar, a colisionar mentes, espíritus, salivas y tórax están armándose su propio infierno. La Diosa madre no bendecirá con vida a quien no desee emular vida. El amor no vendrá para el que no emule amor. Todas las posibilidades de universos orgásmicos e iluminadores están abiertas: ¿pero quién las toma? ¿Quién se atreve, con toda su esencia y vitalidad, a lanzarse al círculo de carnes y seres que giran incesantemente en el tiempo? ¿Quién se atreve a retornar a sí mismo, a la singularidad? ¿Quién de nosotros, perros excitados y en proceso de iluminación se atrevería a morder el hueso prohibido? Le morderíamos una, y otra, y otra, y otra vez hasta que el final no se distinga del comienzo, quizás entonces la singularidad de la existencia quedaría lo suficientemente seducida como para devorarnos, y quizás esta vez, solo esta vez, no vuelva a arrojarnos nunca más.